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La diferente exposición al crimen ayuda a explicar los diversos patrones de criminalidad. Las potenciales víctimas que ofrecen un alto pago a los criminales con una baja tasa de riesgo, son más propensas a sufrir un ataque.

Una pregunta obvia a este respecto se refiere a si esta “teoría de la exposición” y los modelos de victimización tienen efectos sobre el volumen de criminalidad. Esto es ¿la reducción de robos en casas protegidas es alcanzada al costo de incrementarse el robo en casas no protegidas? Entonces, simplemente habría un desplazamiento en la cantidad de crímenes cometidos. Bajo esa perspectiva los criminales solamente cambiarían de potenciales víctimas. Luego la protección privada no tendría efecto sobre el volumen de crímenes, no importando qué tantas medidas se hayan adoptado.

Una interesante y no desarrollada cuestión es el efecto de la proliferación de “blancos” sobre el volumen de crímenes. Por ejemplo, ¿la proliferación de sucursales bancarias en una pequeña ciudad tienden a incrementar el volumen de bancos robados en dicha ciudad?  Parecería razonable suponer que todo aquel que se dedicara a robar bancos podría localizar una sucursal para asaltar donde quiera que esté, pero es difícil observar el por qué un incremento, digamos al doble de 10 a 20 sucursales incrementaría la posibilidad de robo. En Cook (1979, p. 768), se sugiere un posible mecanismo -se justifica- la inclusión de “número de tiendas per cápita” en un análisis (estadístico de regresión múltiple), de las tasas de robo per cápita, como sigue:

Los dueños de las tiendas se autodefienden contra el robo (disminuyendo el efectivo en caja, contratando guardias, etc.), la posibilidad de ser asaltados dependerá en parte de la posibilidad de sufrir un ataque. La tasa de victimización por robo a las tiendas será menor en una ciudad con un alto número de tiendas. Luego el efecto de incrementar el número de tiendas es “diluir” la tasa de robo.

Existen otras circunstancias en la cual una mayor proliferación de “blancos”, incrementará el número de crímenes, tales como gente caminando sola en lugares desiertos, gente bebiendo y ostentando dinero, ya que un incremento en la densidad de posible blancos incrementará la probabilidad de contactarse con potenciales delincuentes.

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer

Al referirnos a los esfuerzos privados para la autoprotección los dividiremos en tres categorías:

  1. Acciones para dificultar el crimen, tales como evitar permanecer sólos en lugares públicos por la noche.
  2. Acciones para incrementar el riesgo aparente de que un criminal será arrestado y castigado, como el poner alarmas y detectores en la mercancía para evitar que sean robadas.
  3. Acciones para minimizar la pérdida si la victimización ocurre, como el mantener el mínimo de efectivo posible, o mantener a la mano una arma para defenderse de un ataque.

Un reporte reciente sobre seguridad industrial (Cunningham y Taylor, 1984) encontró que el gasto para autoprotección fue cercano a $22 billones en 1980 en los Estados Unidos de Norteamérica excediendo por un importante margen al gasto de la policía en protección. Pero más allá de los costos monetarios y de 1980, existen los costos sociales, los cuales logran distorsionar las actividades diarias por el constante temor a ser atacado, así como el sentirse imposibilitado, en muchas de las ocasiones, de siquiera poder caminar tranquilamente por las calles.

Mientras es claro que estas medidas de autoprotección se toman para evitar el crimen, lo que no queda tan claro es qué tan efectivas son para disminuir la tasa de criminalidad. Con mayor precisión, la pregunta es: ¿qué tanto un aumento en la probabilidad de victimización conducirá a un incremento en acciones y gastos para una mayor autoprotección? Clotfelter (1978) examinó las conductas domésticas utilizando un estudio de amas de casa en el área metropolitana de Washington, D.C. El encontró que las medidas tomadas por las amas de casa para cuidar a los niños, es una función directa de la tasa de robos y victimizaciones del área donde habitan.

Las siguientes medidas protectivas estuvieron significativamente relacionadas en forma positiva a las tasas de criminalidad en el vecindario:

  • Instalación adicional de seguros protectores.
  • Colocación de barras en las ventanas.
  • Colocación de seguro aún estando en casa.
  • Tener un perro guardián,

¿Son realmente efectivas las medidas de seguridad? nuevamente, la experiencia y el sentido común sugieren que muchas de las medidas tomadas por individuos, amas de casa y negocios, sí son efectivas. Clarke (1983) muestra una gran revisión de literatura sobre este tema. Chaiken, Lawless, y Stevenson (1974) reportaron que una oleada de robos a los autobuses en New York, finalizó cuando se estableció un adecuado sistema contra robos.

Hannan (1982) estudió cuidadosamente 236 oficinas bancarias en el área de Filadelfia y encontró que la presencia de guardias profesionales y atentos lograba desincentivar el asalto (en dicha zona). No así la presencia de cámaras automáticas en las sucursales.

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer

Las tasas de criminalidad varían entre los diferentes grupos de gente. Los hombres jóvenes por ejemplo, son más propensos a entablarse en una riña comparativamente con un grupo de mujeres ancianas.

Hindelang, concluyó su extensa investigación de los patrones de conducta criminal y los relacionó en un capítulo titulado “Toward a Theory of a Personal Victimization.” Su perspectiva es que los individuos operan en un ambiente caracterizado por las amplias oportunidades ofrecidas a ser victimizado -“hay horarios de alto riesgo, lugares y gente”(p. 245)- y que los patrones de victimización  son el resultado de las diferentes exposiciones a tales riesgos.

Una de las diversas exposiciones al crimen tiene que ver con el estilo de vida, en este modelo, el estilo de vida es visto como el resultado de las diferentes adaptaciones individuales a “las expectativas de vida” y las diferentes “restricciones” económicas, familiares y culturales, educacionales y legales. El estilo de vida determina la exposición al crimen tanto a nivel personal como a través de asociaciones. Hindelang y sus colegas añaden que para una dada “exposición” la probabilidad de victimización dependerá de la “deseabilidad” y “vulnerabilidad” de un individuo como posible “blanco u objetivo criminal”. Sin embargo, una prueba directa de este modelo requiere de información acerca de los diferentes estilos de vida de las víctimas y de las no-víctimas (Hindelang  p. 241). El reconocimiento de la importancia de las actividades rutinarias, ha motivado una serie de propuestas y preguntas sobre este tema en el estudio del crimen, (comenzando con Penick y Owens, 1976, p.241). La British Crime Survey (Hough y Mayhew, 1983) y The Northwestern University Crime Survey (Skogan, 1978) son notables intentos para obtener una base empírica del estudio de los diversos patrones de victimización.

Otro importante modelo es el de Balkin (1979),9 el cual incorpora una especie de “retroalimentación” entre una “baja tasa de victimización” y un alto “temor al crimen”.

El modelo de Balkin postula tres tipos de funciones, cada una escrita en forma lineal (con parámetros a, b, e >0)

(1)        F = eR    (Ec. de temor al crimen)
(2)        X = a – bF    (Ec. de exposición al crimen)
(3)        C = RX  ó  R = C/X     (Ec. de tasa de victimización)

La variable clave en estas ecuaciones es R, la cual es definida (en la tercera ecuación) como la razón  entre la tasa de victimización (C) y la exposición al crimen (X). La exposición al crimen está influida por el tiempo; por ejemplo, la exposición al robo puede ser medida como una relación con el tiempo que camine un hombre sólo por  las calles de la ciudad por la noche. Para el crimen de robo, R podría ser pensado como la tasa de ser víctima  del robo por el tiempo de exposición (X). Esto es, la tasa de victimización (C) para un particular grupo de gente, podría dar una indicación engañosa del relativo riesgo de victimización que confronta a estos individuos cuando ellos están expuestos (R) si la exposición de este grupo es excepcionalmente baja o alta.
La relación lógica entre la tasa de victimización observada (C) y el temor (F) es la forma reducida de estas tres ecuaciones:

C =  (a/e)* F –  (b/e)*F 2

Esto es, dependiendo de cuál  parte de esta relación cuadrática sea relevante, la tasa de victimización  podría estar relacionada positiva o negativamente con el temor. La gente anciana y las mujeres son “blancos atractivos” para los criminales por su vulnerabilidad física; sin embargo, su baja tasa de victimización podría explicarse por su mayor cuidado (y menos exposición al crimen) que los hombres más jóvenes (en parte porque ellos “se creen” ser “blancos” menos susceptibles de ser “victimados”).  Luego, “el temor al crimen es una responsabilidad racional a la probable incidencia del crimen, y ….donde la discrepancia aparece es la medición adecuada del riesgo real”

 

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer

El trabajo que  más nos involucra en materia de política pública se enfoca a los métodos para prevenir el crimen, los cuales incluyen un aumento de vigilancia, protección a la potencial víctima y un adecuado entorno proxémico (Clarke 1983). De igual utilidad son las implicaciones políticas del análisis de equilibrio de un mercado para oportunidades criminales (Ehlrich 1981), particularmente en el contexto de predecir los efectos agregados  de los esfuerzos para reformar o frenar a los criminales; el proceso de mercado podría crear incentivos  para neutralizar las actividades criminalísticas. El marco teórico es relevante porque provee una guía para comprender los modelos criminales así como sus tendencias (Cohen y Felson 1979), además del trato a las víctimas (Clotferd 1977; Skogan y Maxfield 1981). Las secciones a abarcar son las siguientes:

  • Patrones de victimización. Considera las diferentes implicaciones de que resulte más atractivo atacar a algunas víctimas que a otras, las cuales responden autoprotegiéndose de diversas formas, por ejemplo, reduciendo su exposición al crimen. Este marco de estudio también brinda una satisfactoria explicación entre las divergencias entre los altos niveles de temor al crimen reportados por algunos grupos de mujeres y ancianos y las bajas tasas de victimización en estos grupos.
  • Esfuerzos a nivel privado para prevenir el crimen. Presenta una completa caracterización de los esfuerzos por los particulares para defenderse del crimen. El costo social y económico de la defensa privada es enorme, probablemente excediendo el gasto total del sistema de justicia. Existe sólida evidencia de que hay una relación directa entre las tasas de criminalidad y el gasto en autoprotección.
  • Influencia de las oportunidades criminales en las tasas de criminalidad. Aquí se analiza una de las más interesantes preguntas aún no contestadas, acerca de si el aumento de posibles grupos vulnerables como “blancos u objetivos” de los delincuentes, crea también un aumento en la criminalidad. Por ejemplo: Si el número de sucursales bancarias en una ciudad ocasionará un  aumento en el índice de asaltos a dichas sucursales, o se mantendrá la misma tasa de asalto y simplemente se distribuirán entre el creciente número de sucursales.
  • Implicaciones de la incapacitación y rehabilitación. Si las tasas de criminalidad son influenciadas por la cantidad y calidad de las oportunidades criminales y viceversa, entonces la tasa agregada de criminalidad está determinada por las víctimas como “proveedores” de las oportunidades a criminales y a los potenciales delincuentes. Está interacción esta íntimamente relacionada con las fuerzas de mercado en las cuales el precio y la cantidad están determinadas por la oferta y la demanda. En particular, puede demostrarse que la rehabilitación o la inhabilitación de criminales tiene menos influencia sobre las tasas de criminalidad en el largo plazo que la respuesta de criminales a las oportunidades que se les brindan.
  • Implicaciones de la autoprotección. Presenta algunos tópicos acerca de fomentar la autoprotección. En Austria por ejemplo, la gente que deja sus autos sin seguro en áreas públicas puede ser multada.

 

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer.

 

Para tener un panorama más amplio de lo que sucede en el mercado del crimen es necesario tomar en cuenta a la contraparte del delincuente, es decir: la víctima.

¿Qué tanto influye el comportamiento de la persona agredida en el criminal?, la respuesta a esta pregunta es el motivo del siguiente ensayo efectuado por Philip J. Cook,

En la presente sección, con fines pedagógicos supondremos que el oferente de oportunidades es la víctima y el demandante de oportunidades es el delincuente. Así se observa que la conducta criminal influencía las medidas tomadas por la víctima para su autoprotección y de acuerdo a ello las oportunidades criminales son más o menos atractivas y viceversa. Esta teoría tiene varios precursores, principalmente el trabajo de Cloward y Ohlin, aunque en este trabajo las oportunidades son a través del aprendizaje social.

La teoría de las oportunidades criminales emplea la teoría económica de los mercados para describir y predecir la forma en que los criminales y las víctimas interactúan. La evidencia muestra que  las posibles víctimas se autoprotegen más cuando el riesgo percibido de victimización es mayor ya que los posibles criminales son más propensos a atacar a la gente menos protegida. Existe muy poca investigación de si los incrementos en la autoprotección reducen los volúmenes de crímenes  o simplemente desplazan el crimen a otros individuos más vulnerables. La perspectiva de mercado ofrece varios beneficios a la investigación entre la interacción de criminales y víctimas. Por ejemplo, se pueden reforzar estrategias legales para alterar las oportunidades de criminalidad. De igual manera, una efectiva participación-coordinación ciudadana, resulta ser el mejor camino para combatir la delincuencia y reducir el miedo de manera integral y eficiente.

Las principales ideas que señalan lo que se quiere decir con “teoría de las oportunidades criminales” pueden ser resumidas en dos proposiciones:

  • Los criminales tienden a ser selectivos al elegir víctimas que ofrezcan un alto beneficio con un mínimo de esfuerzo; además de sentirse capaces de enfrentar consecuencias adversas legales y de otra índole.
  • La interacción entre criminales y víctimas es similar a la interacción entre compradores y vendedores en un mercado, siendo para este caso,  los oferentes de oportunidades criminales las potenciales víctimas y los demandantes de oportunidades criminales los potenciales criminales. El equilibrio en el mercado del crimen se verá modificado por acciones de la política pública, en particular por parte del sistema de justicia.

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer

La elección ocio/trabajo  es exactamente lo que el nombre sugiere, es la elección que una persona debe tomar sobre cómo gastar el tiempo limitado disponible en un día, semana, o año. ¿Cuánto del tiempo debe ser gastado trabajando y cuánto sin trabajar (ocio)?

Sin entrar en todos los ingredientes involucrados en la elección entre ocio y trabajo, es importante para nosotros considerar que impacto tendría un incremento en las ganancias de un crimen, o precio, en la elección ocio versus trabajo. ¿Si, por ejemplo, la ganancia promedio de un robo se incrementara de $400 por crimen a $500? Si ninguno de los costos de cometer el crimen se incrementara, entonces la ganancia neta del crimen incrementaría en $100. Supongamos que para un individuo en particular un robo requiere un día. Ahora, cada vez que el individuo decida tomar un día de descanso en lugar de robar, le cuesta a ella o a él $100 más que antes. ¡El ocio se ha vuelto más caro! El individuo podría decidir tomar menos de él.
Por otro lado, cada día que la persona sí trabaja le reditúa $100 más que antes, por lo que trabajar el mismo número de días, o cometer el mismo número (y tipo)  de robos, le brinda un mayor ingreso. Por otro lado, llega el momento que a un mayor ingreso, la persona puede sentirse capaz de permitirse más ocio. El que ella o él tomen más o menos ocio depende de cuál de estos dos efectos sea más fuerte. Puede ser que, hasta cierto punto, la persona trabajará más mientras la ganancia promedio se incremente. Esto es, mientras el precio por crimen se incrementa, un individuo criminal estará dispuesto a producir más crímenes por periodo de tiempo. Mientras el precio siga incrementándose, la persona puede empezar a trabajar menos, produciendo menos crímenes.

 

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer

Si una persona padece de una enfermedad mental; es decir, si no se da cuenta de que su cometido es un acto criminal, o bien no controla sus actos, en ese caso es improbable que la amenaza de una sanción logre disuadirlo. Si el único propósito de la sanción fuera la disuasión, entonces no se debería sancionar a los enfermos mentales. Sin embargo, esto incentiva a que los criminales finjan demencia a fin de que no se les imponga sanción alguna (dichos incentivos se ven reducidos por el hecho de que a los enfermos mentales que cometen un crimen se les incapacita encerrándolos en una clínica). Hay casos en que las personas no po-
drían haber sido disuadidas de cometer un crimen a pesar de no ser enfermos mentales, como en el caso de los criminales impulsivos. En esta situación, el criminal sí debe ser sancionado para que se disuada a las personas que actúan sin pensar en las consecuencias de sus actos (disuasión general).

El nivel de disuasión que se logra en el caso de crímenes compulsivos es menor al que se logra en el caso de crímenes deliberados, por lo que se requeriría una política de prevención más que de sanción para evitarlos. Sin embargo, no por ello es razonable pensar que es ineficiente dedicar recursos a disuadir a este tipo de delincuentes; resultaría mejor comparar los costos de imponer la sanción adicional con los beneficios que genera la disuasión adicional para decidir si se debe invertir en este tipo de disuasión o no.

Según Steven Shavell,9 imponer responsabilidad a los criminales impulsivos puede incentivarlos a reducir los riesgos sobre los que después no podrán tener control, como por ejemplo la compra de un arma. Esto también se aplica en aquellas personas que cometen un delito por encontrarse en estado de ebriedad o bajo el efecto de estupefacientes, pues al estar sujetos a sanción, se induce al individuo a no consumirlos, o bien a tomar ciertas precauciones.

Extracto del libro ¿Qué hacer para combatir eficazmente el Terrorismo? de Andres Roemer